Camino del Origen y el Sentido Parte I

En esta primera parte del ensayo “Corrientes, camino del origen y el sentido” PROYECTO DEL MESTIZAJE CULTURAL el escritor y periodista Martín Alvarenga toma a su provincia y habitantes y los somete a análisis de su evolución histórica cultural, étnica y sociológica hacia una identidad que cree necesario adaptar tanto a si misma, como al mundo, con el fin de que manteniendo su originalidad (proteiforme) se integre como comunidad perteneciente al resto del orbe.

 

En base a este modelo sobre su tierra, Martín Alvarenga propone a los lectores de INTERBIOESTRATEGIA la proyección de estos conceptos hacia un planeta que, necesitado de integración de la especie humana con los demás elementos del medio ambiente, podría hallar una bella y saludable identidad.

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CORRIENTES, CAMINO DEL ORIGEN Y EL SENTIDO

PROYECTO DEL MESTIZAJE CULTURAL

 

Ensayo de Martín Alvarenga

En su trayectoria, más allá del tiempo y del espacio, los pueblos originarios no se planteaban necesariamente el ejercicio metódico de la reflexión para conectarse con una realidad innominable, una dimensión paralela a la realidad real que se halla situada en una dimensión simbólica sólo aprehendida por la analogía y la comprensión. Ellos asumían la experiencia cotidiana que le concedía indicios de lo desconocido al interrogarse por su desamparo y asombro ante el mundo, recurriendo a una paradoja que me arriesgo a imaginar: “Estamos huérfanos en un lenguaje que no puede descifrar el misterio, lo que nos hace preguntar: ¿Hemos creado nosotros a los Dioses o ellos nos han parido para que cumplamos un destino difusamente vacilante entre la previsibilidad y la imprevisibilidad? La respuesta de esta indagación que flota en la penumbra del inconsciente se patentiza en la afirmación de que los Dioses han creado al hombre por la fuerza de la fe, en un fundamento del relato mítico hacia el consenso de una verdad afectiva que trama todos los vínculos sociales: el trabajo, la relación parental, el mensaje polisémico de los ancestros, los anuncios proféticos de los chamanes, el juego simbólico de los rituales religiosos y la instauración de un sentimiento de lo sagrado como consagración del equilibrio de la comunidad en un gesto de respetuoso temor, que hoy reconoceríamos como ecológico. La otra realidad no entra por los sentidos sino por la intuición creadora, ya sea el Paraíso Perdido o la porfiada exploración de la Tierra sin Males. De modo que lo humano para establecer la red productiva, hábitos de supervivencia, costumbres, tecnología y creencias recurre al relato fundador como vía por excelencia en procura de hallar un sustento firme para su cultura y su proyección en el mundo, al que fuera lanzado más allá de su facultad decisoria y que luego es y será extraditado con la muerte súbita o progresiva, no obstante la visión que la mayoría de la culturas detentan: la vida eterna detrás del telón de fondo de la desaparición física o de las reencarnaciones o los espíritus sumergidos en el núcleo imponderable de un vegetal, de un mineral o de una voz metafórica que, a la vez, es palabra dicha: natural, humana y divina, anclada en el sentido providencial del verbo mixturado con el alma. Esas palabras-almas consagran la identidad del hombre como un mestizo metafísico: su condición de hombre y su condición de observador participante de lo terrestre, lo preternatural y lo tribal. Es que somos mestizos metafísicos, mestizos étnicos y mestizos culturales, en una América Latina que, aun siendo arcaica, trae al mundo una simiente prístina de la novedad, una novedad escrita con el cuerpo de la que no está exento el Trópico de los Ojos de Agua, el Trópico del Ave Bebedor de Néctares, el Trópico de la Patria Mítica en el suelo de las leyendas, que nos revela el nombre secreto de las cosas con un idioma musical subterráneo que hoy sobrevive en el decir de nuestro sincretismo social. A pesar de que la iniciación del mestizaje fue una tragedia y no un descubrimiento sino como bien dijo un pensador, “un encubrimiento”, que no fue un abrazo sino una lucha para el sometimiento y en buena medida para el exterminio de una de las partes, no deberíamos dejar de consignar que en ese hecho consumado no cabe una interpretación negativa absoluta. Pues lo que parecía irreversible fue recreándose en la historia (con su componente de ficción) hasta el tiempo actual, por eso mismo tenemos que encontrarle una dirección positiva a la existencia de Corrientes durante sus cuatrocientos veinte años, como en su momento aconteció a la hora de hacer un balance histórico con la llegada de los europeos, que significara la conquista y la colonización desde el Quinto Centenario (l492-1992), la colisión entre la cultura recién llegada del otro lado del Atlántico y la cultura con rango de civilización que estaba sostenida en un tiempo sedimentado en milenios, reconocida como América por un lado y, por otro, como Tierra Fecunda o Abya Ayala. También se vislumbra el bicentenario para el 2010, circunstancia que nos volverá a exigir equilibro y sobriedad para no caer en extremos y salvaguardar lo que hemos recibido como válido sin desestimar una conciencia crítica con el fin de consolidar, de una buena vez, la identidad social. El Trópico de las Siete Corrientes, como parte del espacio geográfico de lo que fue la región guaranítica en que -localizando su influencia en la actual jurisdicción provincial– el mestizo tuvo el poder de sobrevivir, en la mayoría de los casos, en estos tipos humanos: cruce del indígena con el blanco, en su gran mayoría, el mulato (cruce del blanco con el negro) o en el zambo (cruce del aborigen con el afroamericano en ciernes) y, al ritmo de los siglos, el cruce del mestizo plural con el gringo, signo de una interculturalidad por excelencia que nos proporcionara el acercamiento a ese poliedro maleable de múltiples caras de una multiculturalidad que nos impulsa a ser autóctonos y cosmopolitas, nativos y ciudadanos del mundo, vernáculos y habitantes del orbe. Es imperioso hacer valer la convicción de que somos aldeanos y extraterrestres sin traicionarnos a nosotros mismos. No podemos mantener la tesitura de seguir transitando las antípodas, a saber: una identidad cerrada que nos condena a la soledad en el mundo, una identidad con excesiva ingenuidad que no es más que pasividad e inercia que nos arrincona a la aculturación y a la extirpación de nuestras raíces. Tenemos que fusionarnos en el cruce de razas con una autodeterminación iluminada, para que la tradición no se estratifique, reconociendo que los Otros Diferentes somos nosotros mismos, y que nuestro gesto y conducta determinan, en su autenticidad y en su valor, que los Otros nos consideren en la posibilidad y en el hecho de descubrir, al mismo tiempo, que nosotros somos sus Semejantes Diferentes. Los temas del diálogo, el animismo y el asomo de la existencia genuina traen aparejado “el sentimiento trágico de la vida” combinado con la representación aborigen que está asida al mundo viviente e inmediato en todos sus planos. La piedra vive como conciencia, el vegetal está palpitado como mente, el animal tiene un pulso divino y humano siendo cómplice, en su mismidad concreta, con toda la masa y la energía del universo abrazadas en potencialidad mística. El animismo y la fe cristiana corren paralelas y muchas veces convergen en el drama y en la serenidad celebratoria del contacto con una inmanencia y una trascendencia del ser (sentido de pertenencia, encarnación de identidad) en el inconmensurable espejo de valores remotos e inmediatos que nos reflejan. En el animismo la realidad se halla habitada, animada y reanimada por el sostén de una espiritualidad tan poderosa que alcanza a los minerales, a los vegetales y animales, al paisaje del infinito y del milagro, del tiempo sin tiempo, en aquel maravilloso instante en que aquél hace pie en la eternidad. Es que Corrientes, a pesar de sus situaciones límites y de su aislamiento, pudo remontar su peso específico y saludable de interculturalidad en un abanico proyectivo a lo largo de su fluir histórico.

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Sin Europa no hubiésemos sido lo que somos y sin Amerindia no hubiese sido posible descubrirnos en nuestro ser que antes que acontecimiento es fabuloso acontecer, lo que plantea a nuestra mentalidad una síntesis provocadora. No deberíamos negar neciamente que Europa no está presente y que lo precolombino representa un vacío, Esto sería absurdo, el linaje europeo continúa mezclado con las culturas del Pensamiento Mágico y precolombino, evidentes en un aquí y en un ahora, con sus propios códigos en el laberinto vívido de nuestra espiritualidad raigal y planetaria, y que nos urge la permeabilidad de la percepción y de la intuición para localizar en nuestra geografía interior una resonancia melódicamente conceptual de aquello que nosotros somos (sincretismo amplificado), manifestada en un domicilio portátil con el cual construimos la habitabilidad, la movilidad y la lucha entre la ignorancia y el conocimiento para captar el ser en el nombrar; el decir del sentido o el ser de lo personal, de lo comunitario y de lo cósmico, de la tradición y de la exploración, de la dirección sustantiva que certifica el diálogo con el ser enfatizando que el situarnos nos catapulta a una animalidad simbólica y colectiva devolviéndonos el espejo desempañado de nuestra identidad a través del lenguaje, consistente como una piedra, suave y blando como el agua, aéreo como el ánima de los duendes y terrestre como los caminantes que peregrinan a la Tierra Sin Males y al Reino de Eldorado.

 

 

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